miércoles, 19 de octubre de 2016

Síndrome de la progenitora tóxica: ¿por qué mi madre no me quiere?

“No es fácil encontrar la felicidad en nosotros mismos, y no es posible encontrarla en ningún otro lugar”.  Agnes Repplier.



Es un tabú de nuestra sociedad aceptar que hay madres que no quieren a sus hijas, pero es más real y frecuente de lo que nos gustaría reconocer. Como todo aquello que nos resulta difícil de aceptar y digerir, tendemos a negarlo. Pero existen,  vemos a sus víctimas en consulta, peleando por llenar un agujero negro de infelicidad que arrastran desde la infancia y que en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera es consciente, porque duele nombrarlo.
La madre tóxica es una mujer que ha llegado a la maternidad por caminos poco deseables, por convencionalismos, porque así estaba diseñado su guión de vida, porque eso es lo que de ellas se esperaba. Renegar de la maternidad o simplemente ejercer el derecho a no serlo, no era ni es algo aprobado por la sociedad. Aquellas mujeres que han decidido libre y abiertamente no ser madres han sido miradas con recelo y suspicacia por la mayoría de su entorno. Siempre. Incluso ahora. Hablamos de una minoría valiente y coherente que decidió por si misma cual era su voluntad y su camino. Muchas otras sin embargo, aceptaron  gestar , parir y criar como algo inevitable. No  es tan extraño entender, que algunas de aquellas hijas, no solo no fueran amadas incondicionalmente, sino percibidas como una molestia, un obstáculo, una rival e incluso una proyección de aquello que ellas hubieran querido ser.

Se trata en la mayoría de los casos de mujeres muy narcisistas o infantilizadas, que nunca asumieron el rol de madre y que siguen filtrando el mundo a través de su necesidad y su deseo.  Otras, son mujeres amargadas, cuya vida no se parece en nada a lo que esperaban, profundamente infelices, que usan de chivo expiatorio a sus hijas proyectando en ellas el foco de su insatisfacción. Hay diferentes formas de madres tóxicas, pero todas incluyen la culpa, la manipulación, la crítica cruel, la humillación, la falta de empatía, el egocentrismo puro. Son madres que hacen saber a sus hijas que no están a la altura de lo que se espera de ellas, envidian sus éxitos, recelan su necesidad de independencia, rivalizan con ellas en un patológico escenario vital donde la víctima ni siquiera sabe que lo es.

La madre que no ama, despliega su toxicidad de diferentes formas, así nos encontramos con madres que envidian a sus hijas y tratan  de anularlas, madres que sobreprotegen y absorben excesivamente para tratar de evitar el sentimiento de culpa por no haber deseado tener ese hijo, madres centradas únicamente en “la fachada” que exigen a sus hijas que encajen en un molde que ellas mismas han diseñado para  exhibirse, madres que utilizan la enfermedad y el victimismo como principal estrategia de manipulación, madres dependientes que invierten los roles y hacen que sus hijas sean quienes se ocupen  de su bienestar físico y emocional y madres que, por desgracia, encajarían en varios de estos guiones de película de terror.

La mayoría de las niñas que han sido criadas por este tipo de mujeres no son capaces de entender que toda su inseguridad, falta de autoestima, necesidad de aprobación, autoexigencia brutal, dificultad para la intimidad emocional y vacío profundo, procede de la falta de amor primario. Asumir que tu propia madre no te quiso y no te quiere es uno de los procesos psicológicos y emocionales más difíciles de superar y con consecuencias devastadoras en todos los órdenes de la vida. A esta indefensión crónica hay que sumarle la incomprensión de los otros, una sociedad dispuesta a mirar para otro lado ante una realidad tan antinatural. Aquellas mujeres que fueron criadas por estas madres tóxicas llegan a dudar hasta de su propia salud mental porque a años de maltrato emocional, de tortura psicológica, hay que sumarle el silencio y la falta de apoyos.  Ya sabemos a día de hoy en base a los numerosos estudios que se han hecho, que la falta de amor parental crea estructuras psíquicas desorganizadas que afectan a muchas áreas de la personalidad. El rechazo y la falta de amor materno produce un estado crónico de avidez afectiva y un miedo patológico al abandono.
Durante su infancia tratará por todos los medios de ganarse la atención y la aprobación de su madre lo que derivará en una adulta que tratará por todos los medios de ganarse la atención y la aprobación del mundo. No se sentirá digna de ser querida, habrá aprendido que su valor está en lo que hace no en lo que es, la fragilidad y la inseguridad serán compañeras de viaje y, con frecuencia, pasará este perverso legado a sus hijos, cronificando así el círculo de la infelicidad y la dependencia.

Hay muchos ejemplos conocidos de personas que aunque han alcanzado éxitos sociales, laborales, económicos, y exponen al mundo una fachada impecable de éxito vital, son muertos vivientes poniendo toda su energía en llenar el abismo afectivo que llevan dentro; en nuestro día a día estamos rodeados de personas que tratan en vano de llenar ese vacío (que llamamos existencial, aunque realmente es afectivo) por los caminos más diversos, pero naufragando en lo personal con profundos sentimientos de vacío y soledad que produce la incapacidad para amar y ser amados.

Sin embargo hay salida. Es imprescindible decirles a esas mujeres, que la niña dañada que llevan dentro y parece dirigir su vida, puede ser sanada. Como psicóloga que acompaño a muchas de estas mujeres, no creo en el determinismo y abogo por la capacidad resiliente que habita en cada ser humano. Tenemos el don de la libertad y la capacidad intrínseca para tomar el control de nuestra propia vida. Para ello es necesario tomar conciencia y poner nombre a aquello que nos dañó por difícil y brutal que esto sea. Y es imprescindible hacer un duelo: despedirnos definitivamente de la madre que no tuvimos, que ya no vamos a tener y no seguir buscando con manotazos de ahogado maneras infructuosas de compensar ese oscuro hueco. Asumir sin culpa alguna que la madre no se elige y que venimos al mundo programados para amar a quien nos toque para maternarnos.  Tomar la decisión interna de poner distancia emocional y física de la mujer que no supo querernos y sobre todo, hacer  del intento de no traspasar la herida a nuestras hijas, un objetivo vital, una cruzada.

Olga Carmona



Artículo publicado en EL PAIS el 10 de octubre de 2016.

4 comentarios:

  1. este gran artículo ha sido muy reconfortante para mí.

    ¿conoces alguna asociación de maltratadas?
    el tabú social que hay es lo que más me afecta ahora mismo

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  2. Acabo de leerte y me has ayudado muchísimo. Tengo 56 años y me he identificado con cada palabra de tu nota...y me has ayudado hoy porque desde la culpa, por su actual situación de discapacidad y sin saberlo, mi madre hoy, involuntariamente, me sigue haciendo daño. Busco desesperadamente agradar a todos y cada uno, sé que soy buena gente y buena profesional porque es un hecho y más de una vez me lo dicen y sin embargo no me alcanza...carezco prácticamente de autoestima.Cada día termino exhausta...y no alcanza nunca. Hoy me voy a la cama con una sensación de que alguien me ha explicado lo que intento construir en mi cabeza desde hace tiempo. Y enlazo con otro artículo tuyo, mis hijas me han ayudado...la maternidad si que me ha sanado. Me he sumergido en ella como en pocas cosas y es una de las sensaciones más reconfortantes que nunca he sentido. Adoro a mis hijas...las mimo, las quiero, las siento dentro mío con sus veintipico de años. Pero sigo sintiendo un gran agujero dentro de mi alma, como dice una canción por allí. Te he descubierto y voy a seguirte. Has dado en el clavo...gracias por tu nota.

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  4. Muchas gracias por sus palabras, cuando fui niña de cinco años y durante seis mi padre abusaba de mi y mi mamá siempre lo supo, yo le dije muchas veces y toda la familia pero ella nunca lo quizo dejar, por el contrario sentí que me tomo rivalidad siendo una niña hasta siempre
    Me casé y tuve tres hijos pensando que mi madre algún día cambiaría, ahora mis hijos son adolescentes y mi madre se ha encargado de crear muchísimas dificultades entre mis hijos y sus padres osea su papá y yo, desde que me casé mi madre vive cerca de nosotros en el mismo terreno pero a estas alturas mis hijos ya están en contra de su padre y yo por las manipulaciones tan grandes de mi madre
    Mí esposo quiere sacarla del terreno que está a su nombre pero mi mamá no se quiere ir, ella tiene 67 años y yo me siento mal si la sacamos por su edad, pero ella no para de decirle a nuestros hijos a cada momento tantas cosas negativas de nosotros
    Mis hermanos viven en el extranjero y si la sacamos no tiene a dónde ir pero siento no pone de su parte

    No sé qué hacer, son treinta y cinco años de esto me dice malvada, a mi esposo lo insulta, mi esposo y yo trabajamos, siento que ella se aprovecha de que debemos trabajar. Yo la quiero pero para resumir tanto sufrimiento siento que ella es mala y manupuladora

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