jueves, 27 de marzo de 2014

No me obedezcas


por Olga Carmona

“La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado”. Jean Jacques Rousseau




El otro día recibí una amable invitación para asistir a una charla para padres con el pretendidamente simpático nombre: “La obediencia: esa gran desconocida”.

Seguramente la mente “preclara” de quien le puso ese título pensó que a los padres nos iba a hacer una gracia enorme porque nos sentiríamos rápidamente identificados con la falta de obediencia de nuestros hijos, porque a fin de cuentas, partimos de una premisa incuestionable: los hijos deben obedecer a sus padres.

¿Porqué? Porque son sus padres; tautología absurda que nuestra cultura ha heredado básicamente de la religión cristiana y que tiene como fundamento el agradecimiento a quien nos dio la vida. El resto de la creencia se sostiene en la otra premisa incuestionable: por tu propio bien.

Sin embargo, yo  afirmo lo contrario: los hijos no deben obedecer, ni a sus padres ni a nadie.
Las personas no deben obedecer. Y por tanto no deben ser entrenadas para hacerlo, ni educadas en la obediencia.

El Diccionario de la Real Academia Española, define obedecer de la siguiente manera: “Cumplir la voluntad de quien manda”.
Y buceando en el significado etimológico del término encuentro sin sorpresa que  “obedecer” viene del latín “oboedescere der. De oboedire: cumplir la voluntad de quien manda.

Ambos significados implican hacer lo que el otro (padre, madres, jefes, profesores, etc.) te digan, ser lo que otros pretendan que seas.

Obedecer significa no cuestionar, implica la  forma de ceguera más peligrosa y humillante: tu no existes, tu criterio no importa, tu sentir no importa,  sólo ejecuta lo que yo digo y así obtendrás mi permiso para existir.

Si yo quiero educar a mis hijos para que sean seres humanos con criterio propio, sólida autoestima, capacidad de elección y decisión, en definitiva LIBRES, no puedo educar en la obediencia, es una contradicción pura. Y no puedo tampoco enviar el mensaje de “obedece a tus padres, pero no a los demás”: es esquizofrénico.

Y no digo que sea fácil educar en la no obediencia, digo que es imprescindible.

Digo que es su derecho, digo que los otros caminos son atajos que nos llevan al cortoplacismo que nos facilita la vida, pero no les favorece.

Digo que cuando queremos que nuestros hijos hagan algo que es necesario que hagan, el camino corto es el la obediencia, porque arroja resultados inmediatos, pero en cada acto de obediencia, cortamos unos milímetros su sí mismo. Su capacidad para ser.

Inmersos en la una cultura bulímica y cortoplacista, donde nos damos atracones de estímulos que no podemos procesar y donde sólo perseguimos aquello que da resultados inmediatos, la forma en que educamos a nuestros hijos también queda impregnada de ella.

Propongo elegir rutas que favorezcan su capacidad para elegir y para decidir. La alternativa que construye nos habla de usar el  diálogo,  la negociación, la explicación razonada, la motivación, la educación. 

Hagámonos la pregunta de cómo pediríamos algo a otro adulto y seguro que aparecen rápidamente las razones por las que lo pido y una forma educada de hacerlo. Cuando yo dialogo, cuando yo explico, cuando yo negocio, cuando yo  escucho, cuando pido las cosas de forma amable,  estoy entregando todas esas herramientas de comunicación y de crecimiento a mi hijo. Sólo se puede educar a través del ejemplo y desde el respeto al otro. Sino, el mensaje no llega, no permanece y no sirve.

¿Y si, a pesar de hacerlo de todas esas maneras, sigue sin hacer lo que es necesario hacer?  Entonces, adulto civilizado, tendrás que aprender a respetarlo. Cambiar un paradigma que tenemos interiorizado, implica un ejercicio de aprendizaje por nuestra parte también. No vale sólo con predicar, hay que dar trigo.

Sin embargo, si ofrecemos a nuestros hijos un modelo de coherencia (donde cumplo lo que digo), de confianza (nunca miento), de honestidad (conmigo mismo, con él y con los demás) y de integridad (lo que hago, digo y siento están alineados), entonces  la autoridad llega sola. No la autoridad impuesta, sino la percibida: creerán en nosotros, nuestra opinión será tenida en cuenta, podremos influir y convencer. Sin imponer.

Habrá quien quiera hacer una lectura plana de este planteamiento y aduzca que no se puede convivir sin normas y todos esos argumentos tan simplotes y cansinos. Esa no es la idea: en un sistema familiar donde se van a sentar las bases de los primeros y más determinantes aprendizajes, hay normas. Pero son para todos, todos deberán respetarlas de igual manera. Si necesitamos crear nuevas formulas para el manejo de los conflictos, lo haremos de forma consensuada, buscando aquella con la que todos se sientan cómodos y partícipes. Los hijos no son los subalternos que vienen a un sistema ya estructurado y deben amoldarse a él. 

Son parte en igualdad de derechos y de obligaciones de un sistema que se construye día a día en función de las necesidades que el propio desarrollo va generando.

Esta forma de vivir, de educar, de amar, va modelando herramientas tan imprescindibles como el sentido de la autocompetencia, la creatividad, la responsabilidad, la empatía, el compromiso, la resolución de problemas, la pertenencia a un grupo, la comunicación:  son raíces y a la vez son alas.




Foto: By hinnamsaisuy, published on 15 December 2010 
Stock Photo - image ID: 10024428
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7 comentarios:

  1. El cole de mi niña en Boadilla me invitó a ese mismo seminario, ojiplática me quedé al pensar que hay padres que quieran que sus hijos sean obedientes.
    No asistí al seminario por falta de tiempo e interés, pero como soy confiada, preferí pensar que tratar de la obediencia ha sido cuestión de no comprender bien el término, quizá se hablaría de confianza, entender, explicar, razonar y hacer pensar, pero no lo sabemos.

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  2. la obediencia también es una analogía entre "papá estado" que dice lo que tienes que hacer y nosotros "los ciudadanos", que debemos obedecer, por nuestro bien, aunque nos estén -perdón por la palabra- "jodiendo" vivos.

    excelente artículo, gracias por expresar con palabras lo que siento.

    un abrazo muy grande olga.

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  3. Maravillosa reflexión y maravillosamente expuesto. Os felicito. Besos y abrazos

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  4. que bueno!! esto de no darle explicaciones a los niños por el solo hecho de ser niños, no va más! me alegra pensar que estamos evolucionando en la crianza de nuestros hijos!

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  5. No lo veo tan facil!! Al cumplir las normas obedeces. Si el niño simplemente no le da la gana de cumplir con sus deberes, hay que crear una formula para el manejo conflicto, igual tiene que obedecer a unas reglas.

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