miércoles, 18 de septiembre de 2013

¡Sucios, desordenados y descalzos!

* Por Olga Carmona


"Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza" Jean-Jacques Rousseau




Soy mujer, soy madre, soy psicóloga. 

Aburrida, profundamente aburrida de la psicología convencional y de la pedagogía con la que adiestran a nuestros hijos, en la escuela y fuera de ella. La escuela no es más que un reflejo autorizado por la cultura colectiva, mediocre y asustada. Y creo que, cuando el sistema y la cultura están tan caducos y enfermos como yo los percibo, de su seno nacen voces limpias que abogan y plantean otros caminos, otras alternativas que nos permiten seguir evolucionando, como si necesitáramos primero tocar fondo para con ello, darnos impulso. Es por eso, entiendo, que nace la Ecopsicología y la Pedagogía Verde, para combatir una cultura depredadora y solitaria que atenta contra la condición humana y no humana y en la que yo, mujer y madre, no quiero educar a mis hijos.

La educación tradicional sólo ha hecho hincapié en los aspectos cognitivos de los niños, llegando incluso a creer que había un solo tipo de inteligencia y que este podía medirse y resumirse en un número, en un afán de clasificación que nos permitiera tener la ilusión de que controlamos todo, incluso algo tan mágico y complejo como el ser humano en desarrollo.

La ecopedagogía cultiva especialmente otras capacidades humanas tales como la intuición, la imaginación, la creatividad, la estimulación sensorial y la sensibilidad a través de  la experiencia. Con ello, estimula un profundo sentido de conexión con la vida, consigo mismo y con los demás que fomenta y desarrolla la capacidad de empatía y de responsabilidad.

Este nuevo enfoque cambia la filosofía de origen en la que hemos ido creciendo donde el ser humano es el centro del universo y la Tierra es una gran masa inerte, desprovista de vida, como una ingente despensa de víveres y riquezas materiales. 

Desde este lugar, estamos sólos, aislados, profundamente desconectados y esto, no nos ha salido gratis.
Intuyo y defiendo para mis hijos un cambio de paradigma donde la Tierra y todo lo que comprende es nuestro espacio compartido de vida y es un organismo vivo del que formamos parte, una unidad donde todo está interrelacionado y dado que todos dependemos de todos, nadie se encuentra aislado.
Nuestros niños van creciendo como pueden en burbujas casi herméticas con universos  muy limitados y artificiales formados por pantallas, teclas y hormigón  generando trastornos físicos y emocionales a los que damos respuesta con fármacos. Niños enfermos de una sociedad enferma, representan la consecuencia y el síntoma a la vez.

martes, 10 de septiembre de 2013

El diván de Peter Pan

"...Y Si los hombres tuviéramos un espacio, un lugar físico, un sitio entre iguales donde vomitar nuestras miedos o celebrar nuestras emociones proscriptas..."

*por Alejandro Busto Castelli


¿Y entonces a los padres, quién los sostiene? … la pregunta resonando en el aula, mi cabeza buscando con la mirada a la voz que preguntaba.

Era Rosa Sorribas de Crianza Natural, en el turno de preguntas de mi conferencia “En busca del perro verde”,  en la I Jornada de Crianza en red organizada por la Editorial Obstare, (Barcelona, marzo 2012)

Mis alumno/as de los talleres de hablar en público, generalmente comparten entre sus miedos, aquella ansiedad anticipatoria que generan las preguntas de la audiencia. Siempre he pensado que las mejores preguntas son aquellas para las cuales uno no tiene respuestas. Esas preguntas oportunidad, indagación, cuestionamiento, esas preguntas de revisión del discurso.

Yo no tenía respuesta, por lo menos no una habitual, ya ensayada, antigua, esperada. En un microsegundo pensé… cierto y a nosotros quien cojones nos contiene, quien nos escucha, con quien vomitamos…nuestras miserias, nuestras sombras y dudas. 

Respondí a Rosa. No sé desde que lugar, no puedo saber porque tan rápido. Dije: “en mi caso mi Madre”.

Fue con ella con quien hablé de  mi despertar sexual, a ella a la que llamé a los cinco minutos de ver el predictor, aunque le había jurado a mi pareja que no lo diría hasta pasar las temidas 12 semanas.

En aquella conferencia un círculo mágico se cerró, cuando Ileana Medina dijo tras mi respuesta, que esa era la clave, ya los nuevos padres tendrían que haber sido hijos bien maternados.

Y sí... mi primer contenedor emocional, mi madre ¿Y después? ¿Y cuando no este? ¿Y el resto de los hombres, no podrían en algún momento cubrir ese hueco?

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