viernes, 3 de mayo de 2013

Educar vs Adiestrar



Por Olga Carmona


"El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado.

Recibió una caracola: Para que aprendas a amar el agua.

Abrieron la jaula de un pájaro preso: Para que aprendas a amar el aire.

Le dieron una flor de malvón: Para que aprendas a amar la tierra.

Y también le dieron una cajita cerrada: No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio. Eduardo Galeano"





He tardado cinco años en escolarizar a mis hijos y lo he hecho con la boca pequeña.
Soy madre y soy psicóloga y sí, lo reconozco, no creo en nuestro sistema educativo. No solo pienso que es obsoleto, caduco, paradigma de mediocridad, que atenta contra la creatividad y la esencia de cada niño para someterle a la media, a lo que debe ser, a lo que debe hacer.  

Que no tiene ningún sentido encajar veintiocho almas dentro de cuatro paredes para enseñarles cómo es el mundo a través de unas fichas estructuradas, iguales, cerradas.

Que las hojas de los árboles se tocan, se huelen, se pisan, se rompen, se vuelan. No se pintan sin salirse de la raya.

Que la autonomía no consiste en saber abrocharse la chaqueta, sino en ser capaz de tomar decisiones y asumir sus consecuencias.

Que la vida no se aprende quieto en una silla recibiendo datos, tragando información irrelevante, sino que es puro movimiento, danza inquieta, energía pura devorada por la curiosidad.

Que es mejor el barro que la plastilina, la arena de la playa que la arcilla, pintar con las manos y con los pies y con el cuerpo que ser “reprendido” porque te saliste del dibujo.

Recibo constantemente la indicación de que Nicolás, mi hijo mayor, no sabe pintar. Se sale, no usa los colores, realmente hace un trabajo penoso. Le pregunto porqué. Su respuesta es simple y definitiva: “me aburre”.

Que el papel de los educadores debería ser el de meros facilitadores capaces de potenciar lo que cada niño lleva dentro, en lugar de aniquilarlo para reducirlos a todos a un mismo y mediocre lugar común.


Que las medallas y los premios al esfuerzo no son de plástico, sino de percepción de logro y autoestima sana.

Que los castigos están fuera de cualquier planteamiento pedagógico que aspira a construir, que antes no es mejor, que mucho no siempre es bueno, que un patio de cemento con más de cien niños escasamente vigilados no es precisamente el ideal de socialización,  que el exceso de normas y de actividades estructuradas anula la iniciativa, la curiosidad y abre paso a un peligroso aburrimiento provocado por la costumbre de que te digan siempre y desde fuera lo que hay que hacer, cómo y cuando.

Que es un sistema que adiestra niños para las necesidades de una sociedad dirigida por adultos y por ello y para ello, va anulando desde el principio la capacidad de decidir, de pensar, de descubrir, de cuestionar. Es más útil aprender cuanto antes a respetar la norma, la autoridad. Aunque la norma sea contraproducente, absurda, aleatoria. Aunque la autoridad no se lo merezca, no se lo haya ganado y simplemente goza del título porque tiene más años o más poder.

Se abre entonces una enorme contradicción en mi sistema interno y externo, porque cada día dejo a mis hijos, contra mi voluntad y la suya, en una institución en la que, básicamente, no creo.

Quien me lea se hará la pregunta más obvia: “¿porqué lo hago entonces?” 
La respuesta es simple y a la vez un poco vergonzante: no me siento capaz de educarles yo, no encuentro la energía necesaria para ello y tengo miedo también, lo admito. Miedo a salirme tanto del sistema que les convierta en sujetos inadaptados, con escasez de herramientas para sobrevivir en la jungla que es hoy nuestra sociedad.

Y no encuentro alternativas reales. Alternativas equilibradas que sean capaces de respetar, acompañar, facilitar la salida a aquello que ellos lleven dentro, sea lo que fuere, y que a la vez les ayude a convertirse en adultos intelectualmente competentes. No voy a negar que tengo la convicción de que una parte importante de su libertad también pasa por su formación académica, cuando toque.

La información está ahí para quien quiera saber. Desde la teoría del vínculo de apego formulada por Bowly hasta los últimos hallazgos en neuropsicología asumen que lo que forma el cerebro, lo que hace que aumente el tamaño de nuestras neuronas y las conexiones entre ellas no es la ingente cantidad de estímulos recibidos desde fuera, sino la calidad de la relación entre el niño y su principal cuidador. La calidad de esta interacción es la que determinará un desarrollo más o menos saludable. Y, nuestra sociedad mutila esta relación desde temprano, entregando al niño a una institución un número aberrante de horas. Y para acallar nuestras conciencias nos hemos tragado el cuento de la socialización. Pero insisto, la información está ahí, para quien quiera saber.

Durante estos años de parques en soledad, porque nada más estábamos yo, mis hijos y mis perros, de ausencia de planes con niños antes de las seis de la tarde, donde uno siente que desde luego va en una dirección distinta,  me han llovido las tesis doctorales acerca de:

“Los niños, están mejor en la guardería que en casa, porque en casa se aburren y en la guarde están con otros niños”.
“El mundo es así de duro, hay fuertes y hay débiles”: mejor que lo aprendan cuanto antes y formen parte de los fuertes.
“Cuando vayan al cole no van a saber hacer nada de lo que hacen los otros niños”.
“No van a saber relacionarse”.
“Lo van a pasar fatal porque no están acostumbrados”.
“Cuando sean mayores también van a tener que cumplir horarios, respetar a sus superiores y someterse a las normas para ganar dinero”, no hay otra.”

Y otras cuantas tesis doctorales más sobre psicología, educación y antropología, por citar solo algunas especialidades.

Nunca he respondido, pero ahora y por escrito lo voy a hacer.

Los niños no están mejor en la guardería en ningún caso porque las necesidades físicas y emocionales de un menor de tres años tienen que ser satisfechas por su cuidador habitual, preferiblemente su madre o padre, con quien el bebé establece un vínculo de apego y de confianza que como ya he apuntado determinará su evolución. Y hablo de una interacción uno a uno, no uno a diez. En la guardería no existe este tipo de relación. 

Me niego a que mis hijos reproduzcan el patrón de lo que el mundo llama “los fuertes”. Me niego a que sean ellos los que primero insulten, los que compitan por llegar. Quiero que sean los fuertes emocionalmente, los fuertes en autoestima, los fuertes en capacidad de decisión y criterio, los fuertes para decir “no” a un raya de cocaína o un cigarro, los fuertes para buscar su camino, los fuertes en dotar a su vida de sentido. Por tanto, no me interesa que libren batallas que no les tocan, ni por edad, ni porque nada aportan más allá de perpetuar la basura social que nos impregna.

En cuanto a la competencia, no hay que ser psicólogo para saber que lo que a un niño de tres años le cuesta hacer un año, porque no es aún su momento y se le está imponiendo desde fuera, tardará una semana en hacerlo cuando sí esté preparado para ello.  Antes no es mejor. Mucho no siempre en sinónimo de bueno.

El tema de aprender a relacionarse es el que más doctores tiene, proclamando su presuntamente armado discurso. Pues bien, los niños no tienen capacidad para relacionarse con un igual hasta al menos los cinco años. En grupo y antes de esa edad aprenderán a defenderse y a atacar. A quitar un juguete si lo quieren sin importarles que otro niño lo tenga y tratar de imponerles un mínimo sentido de la empatía cae en saco roto porque sencillamente su sistema neurocognitivo no está listo para ello. Basta observar la dinámica de una ludoteca o guardería con niños pequeños: cada uno está a lo suyo, apenas existe interacción y cuando la hay suele ser bastante psicopática. El aprendizaje relacional es en casa, los mimbres de esta cesta los ponen los padres, con su ejemplo, con su palabra, con su cuidado, con su paciencia, ofreciendo un modelo que el niño interiorizará. Y cuando esté listo para ello, lo podrá ofrecer hacia otros.

Y en cuanto a la dificultad de adaptación si los escolarizamos tarde, pues menos mal. Qué suerte que no se adapten y que lo digan. Qué suerte que sean capaces de diferenciar aquello que no les gusta y les resulta aburrido y hostil. Qué suerte que hayan aprendido herramientas para al menos verbalizar lo que necesitan. Por el contrario, creo que van mejor armados de herramientas emocionales para defenderse en un entorno por momentos tan asfixiante.

Y en cuanto a la declaración de sometimiento final sobre que si van a ser individuos grises que lo vayan asumiendo ya, esa directamente me insulta. Los grises quieren ratificarse en sus filas para no llegar a la conclusión de la mierda en la que han convertido sus vidas. Me gustaría poder transmitir a mis hijos que para ganar dinero no es necesario prostituir su alma, que pueden optar por la pasión de hacer aquello que les mueva y les impulse y les haga libres.

Creo firmemente en la influencia amorosa de los padres para combatir los estragos de un sistema tan rígido y también creo en el buen hacer de algunos educadores a los que dicho sistema les aprieta como una faja dos tallas más pequeña y aún así tratan de hacer una labor excelente.

Y para ello es imprescindible ser honestos,  crear una atmósfera de confianza y amor incondicional donde ellos puedan vomitar sus pequeñas heridas cotidianas, donde descargar su frustración sin ser juzgados, donde puedan nutrirse de autoestima, donde aflojemos con la norma y la estructura. Los padres, debemos construir un ecosistema muy oxigenado para que puedan respirar tranquilos, de contención, de flexibilidad. Ofrecer alternativas muy diferentes a su día a día, permitirles descansar y crecer al ritmo que cada uno necesite, sin exigir, sin demandar. Se trata de acompañar, se trata de dejarles fluir, se trata de ponernos en su lugar. Se trata de amar desde el respeto.

Quiero terminar con una frase de un genio, que en mi entender lo era más por su dimensión humana que científica:

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado el regalo”. Albert Einstein.



Foto adaptada de:

http://www.freedigitalphotos.net/images/Environmental_Concep_g389-The_Wall_p63803.html 
By dan, published on 06 November 2011 Stock Photo - image ID: 10063803













15 comentarios:

  1. Suscribo totalmente. Y ahí me encuentro, con las mismas dudas, con la misma negativa a resignarme y seguir el camino marcado sin más, con la misma sensación de que puede que no tenga las energías (y el dinero) suficiente para educar en casa... Pero por otro lado, veo que cada vez hay más alternativas respetuosas con los niños. Aunque todas ellas pasan, en mayor o menor medida, por tener el dinero para costear una educación privada, pues parece que nadie se cuestione donde corresponde cambiar el sistema de educación pública (más allá de los consabidos cambios derivados de las ideologías políticas, que para eso parece que no hay problema en cambiar).
    Gracias por tu post.
    Cristina.

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  2. Me siento muy identificada con tu articulo, la insatisfacción profunda con el sistema escolar, la falta de alternativas reales, las dudas y la aceptación de los propios límites como para pensar en educarlos en casa... que difícil.
    Tengo cuatro peques de 4, 6 y 11 años. El mayor y el menor sufren diariamente el avasallamiento del sistema que quiere niños modelos y obedientes... y eso que el rendimiento escolar del mayor es excelente, que es lo que nos ha salvado de la presión para medicarlo.
    Educar con amor desde el respeto por los propios ritmos e interes; yo también lo intento, aunque hay días que el balance me juega en contra, al menos se cual es el camino al cual quiero volver una y otra vez.
    Un abrazo

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  3. Yo solo puedo decir a pesar de creer en la religión tanto como en el sistema educativo "AMÉN" y "GRACIAS" por tu reflexión.

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  4. Me encanta lo que has escrito, coincido contigo. En mi caso aún no me planteo las alternaivas con mi hija, aunque ya en un par de meses cumplirá tres años y el bombardeo de preguntas comienza...
    Soy artista plástica y para realizar mi obra y concretar mis sueños me he tenido que raspar del alma la educación sistematizada, ha sido dolorosísimo acceder de nuevo a mi creatividad innata. Han sido años de terapia, de trabajo de interiorización, de arte terapia, de hablarlo, de comprenderme y luego de esto, me queda clarísimo que la creatividad es la cualidad a proteger del "deber ser". Los genios, los admirados por "la masa", (si es que eso existe en realidad), fueron los que se salieron del dibujo, los que se aburrieron en la escuela, no los más aplicados. Ellos, los mataditos, están en puestos de empleados, creyendo que no hay de otra. Sé que hay matices, pero a grandes rasgos así lo veo. Le corto a mi rollo, te mando muchos saludos :)

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  5. Las lagrimas q me lleva arrancado este tema... gracias por plasmar en unas lineas uno a uno mis sentimientos.... gracias

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    1. Y las que te faltan!!! Gracias por leernos. Un abrazo.

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    2. Lo hice porque tenía la plena convicción de que hacía lo mejor para mis hijos. Aunque no fuera lo que hacía la mayoría. La verdad, no tuve dudas, ni una. Ver su evolución, compartir esos primeros años en la intimidad de la familia y del hogar, conmigo como referente y filtro del mundo me parecieron un regalo para todos. Desde ese convencimiento nacen las fuerzas que necesitas para hacerlo. Y así, espero poder hacerlo siempre. Un abrazo y no tengas miedo, el amor nunca se equivoca.

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  6. Buenas tardes, desde Esteco Psicologos queremos felicitarles por el Blog. Simplemente informar que nosotros estamos en Valencia y tratamos todo tipo de temas psicológicos como este, pasad a visitarnos:
    http://psicologia-valencia.org/
    saludos y gracias!

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  7. Después de leerlo varias veces me doy cuenta de que voy por el mismo camino que tu y mi hijo solo tiene dos años, y encima soy maestra de infantil, y todos los científicos me preguntan que porque no le llevo a la guarde?....los 3somos
    Mas felices así, pero después de releerte, se que me queda un arduo camino....como lo has hecho tu? Gracias, un saludo

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  8. Me encanto! Me siento de la misma forma, tengo una hija de 9 años que tiene dificultad de aprendizaje y me dice todos los días que no quiere ir a la escuela y todos los días me siento muy mal por tener que enviarla, como soy profesora (de ingles) en una escuela que es muy estricta con las reglas veo a diario lo mal que están las escuelas hoy en día. Me estoy armando de coraje para sacar a mi nena de la escuela el año que viene.

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  9. Acabo de descubrir este post y me dio un vuelco el corazón al leerlo. No estamos solos, gracias

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  10. No, no estamos solos, menos mal. Hay momentos de flaqueza, somos humanos, la presión es fuerte y cuando te encuentras un texto como éste es como una palmada amistosa en la espalda, un "tranquilo, no te estás equivocando".
    No, no estamos solos, pero estamos rodeados y a veces tan próximamente rodeados, el círculo es tan estrecho, que llega hasta tu cama.
    Este es mi segundo año de dolorosa lucha contra la guardería, sé que es el último, cumplira 3 en mayo y en septiembre tendrá que empezar el cole... ahora comienza una nueva batalla en contra de "¿y porqué no a donde van todos?... yo soy un gris consciente de su grisura y quiero darle las máximas facilidades a mi hija para que tenga la oportunidad de no serlo.

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  11. No conozco muy bien la legislación española respecto a la educación infantil y primaria, pero por lo que escribes, parece viable educar al niño en casa, solo que, (en este caso concreto) tu no te verías capacitada para hacerlo (es lógico, no eres tanto educadora como psicóloga, al final los profesores tienen más herramientas para enseñar que el resto de personas, para eso estudian).

    En ese caso... ¿No hay la posibilidad de contratar a algún tipo de profesor particular? Y no me refiero al típico profesor de repaso, sino a un profesional autónomo, que tenga las herramientas de enseñanza adecuada y que se ajuste mejor al modelo educacional que buscas para tus hijos... Lamentablemente, como dicen en mi tierra, "Con dinero, San Pedro canta". Y quizás sea una cuestión de dinero encontrar a bien una escuela privada que suponga una alternativa al sistema educativo regular, o bien, un profesor privado...

    Simplemente doy ideas...

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  12. Antes que nada...muchas gracias por vuestro blog! Me gusta mucho, me inspirs mucho...y en realidad decís lo que siento y pienso...pero es tan diferente a lo que estamos acostumbrados!
    Nuestro hijo va feliz a 3 de infantil de un colegio público...pero le vamos a cambiar al ver lo que le espera en primaria...creemos haber encontrado la solución en una escuela Waldorf...esperamos no equivocarnos.
    Suerte a todos con vuestra busqueda!

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  13. Me ha tocado de lleno, cada vez que mi bebé se queja porque algo se le ha impuesto, yo me alegro, no quiero que se someta ni a mí ni a nadie. Estoy totalmente de acuerdo contigo y sí, creo que la escolarización temprana es una patraña que nos ha vendido el sistema como necesaria para que sigamos o sigan formando parte de su engranaje "sin salirnos de la raya". Un sañudo

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