jueves, 13 de diciembre de 2012

Crecer con animales: Beneficios e inconvenientes


Entrada original publicada en el blog Me lo ha dicho Margarita el 5 de diciembre de 2012


 por Olga F. Carmona

"... llegan las navidades y es un tiempo crítico donde los escaparates de llenan de dulces cachorros que nos miran con ojos suplicantes. Es un buen comienzo explicar a nuestros hijos que los amigos no se compran, que no deberían estar en un escaparate como el resto de juguetes de plástico y que si verdaderamente queremos compartir la vida con un animal, hay cientos de ellos malviviendo en perreras, sin familia ni oportunidades y nosotros podemos ser su familia. Este es un comienzo muy diferente para nuestros hijos, donde ya pueden empezar a sentirse orgullosos de dar, de ser partícipes de un inmenso gesto de amor y generosidad hacia otro más débil. Lo creamos o no, les estamos haciendo un regalo de proporciones difícilmente cuantificables en su aprendizaje sobre quienes son y de qué son capaces."


  
Ya se que puede sonar ambiguo o poco comprometido, pero mi respuesta como psicóloga clínica, como terapeuta infantil y como madre es: DEPENDE.

Para empezar me gustaría recalcar que no me gusta el término mascota. Me parece que cosifica y reduce al animal a la categoría de objeto. Y como creo firmemente que las palabras crean realidad, incluso la determinan, hay que cuidar el lenguaje. Una mascota es un peluche, un objeto de apego. Un animal tiene vida, necesidades, expectativas, capacidad de sufrir y de alegrarse, motivaciones (desde las más simples a las menos) y debe tener entonces la categoría de miembro de pleno derecho del hogar al que sea llevado, recordemos, no por su voluntad, sino por la nuestra.

Ahora bien, mi respuesta condicional tiene que ver con que si los padres, responsables en primera y ultima instancia del animal adoptado (no comprado, la vida no se compra, todo no se compra y esta empieza a ser el primer aprendizaje para nuestros hijos) no comparten la filosofía del respeto, el compromiso, el cuidado, la protección hasta el final de la vida de ese animal y lo que quieren es un “juguete interactivo” para sus hijos, entonces la respuesta es NO. NO DEBEN TENER MASCOTA.

Me gustaría hacer hincapié en este punto, ya que llegan las navidades y es un tiempo crítico donde los escaparates de llenan de dulces cachorros que nos miran con ojos suplicantes. Es un buen comienzo explicar a nuestros hijos que los amigos no se compran, que no deberían estar en un escaparate como el resto de juguetes de plástico y que si verdaderamente queremos compartir la vida con un animal, hay cientos de ellos malviviendo en perreras, sin familia ni oportunidades y nosotros podemos ser su familia. Este es un comienzo muy diferente para nuestros hijos, donde ya pueden empezar a sentirse orgullosos de dar, de ser partícipes de un inmenso gesto de amor y generosidad hacia otro más débil. Lo creamos o no, les estamos haciendo un regalo de proporciones difícilmente cuantificables en su aprendizaje sobre quienes son y de qué son capaces.

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