sábado, 28 de enero de 2012

El otro nacimiento

 *Por Alejandro Busto Castelli



Estoy sentado en una incómoda silla de hospital
Hace mil segundos, solté tu mano fría y temblorosa
Quise decirte que te amaba.
Quise gritarte que me iría contigo si tú nos dejabas.
No pude.

Afuera, nuestro mundo espera una nueva vida. Sólo una.
Aquí, desordenado y tembloroso, aún no se que nacen dos cuando nace otro.
Ellos tampoco.

Reviso apresurado nuestra historia y tengo frío.
De pronto creo en Dios y le percibo a punto de hacernos daño.
Siento que nos lo ha hecho cada vez que ha querido.
Grabo cada escena de las últimas horas con prisa
Todavía me dueles y entonces te lloro.



Ahora, con él en brazos, mi perfil se pinta para parecerse al que tú acabas de dejar.
Le miro y siento que se me ordena el alma.
Me veo al verlo. Te veo cuando me mira.
La danza de espejos invoca agua y llueve dentro de mí y mis ojos son de invierno en mayo.
Me dicen que estas bien.
Recupero mi cordura y entonces Dios no existe, o por lo menos, no pudo esta vez jugar con nosotros.

En este triple nacimiento busco muchas veces mi lugar.
Apartado, de vez en cuando me agazapo en las sombras de la dificultad, para espiarte y encontrarte.
Te encuentro cada vez que te miro.

Aquellos, mis pechos guerrilleros, libran otra batalla y tus ojos de aceituna negra reflejan unos ojitos pequeños y rasgados.
¿Quien eres en este presente de felicidad y ropa pequeña? ¿En quien te has convertido tallada en mi corazón, agarrada a mis costillas?

Te has vuelto a reinventar y en tu enésima reencarnación vuelves a golpearme, me atrapas y me encarcelas a tu lado.

En esta versión regresas más tranquila y paciente.
Una luz desconocida sale de tus ojos, repartiendo curiosidad y sorpresa,
Más guapa que en ninguna de tus anteriores vidas, más solidaria que nunca, arrasándome con tu necesidad de mí.

Como si me acabaras de conocer.
Como si hubiéramos vuelto a nacer.
Como si todo terminará hoy.

Como nosotros, como siempre.

                                                             *Escrito el 23 de octubre de 2007

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