"Yo creo que la percepción del psicólogo ha cambiado ya notablemente. En los viejos tiempos, cuando tomaba un avión y le revelaba mi profesión a mi compañero de viaje, su tendencia era la de salir corriendo a otra fila. Ahora noto que la gente se arrima a mi"
(Martin Seligman)

lunes, 20 de abril de 2015

Niños diferentes



Soy la madre de un niño diferente.

Desde que nació ya percibimos que algo en él era distinto, pero preferimos pensar que sólo éramos unos padres inexpertos y asustados que veían rarezas por todas partes.

Pero no. A medida que pasaba el tiempo los síntomas aumentaban. Nuestro entorno nos miraba con una mezcla entre la compasión y el miedo.  Imagino que el hecho de que nosotros fuéramos psicólogos les hacía reprimir un consejo o una advertencia.  Los que nos tenían más confianza  llegaron a sugerirnos que lo valorase un profesional, que  nada en él parecía normal. Yo seguía aferrada a la necesidad de normalidad, yo quería creer que mi hijo era como todos los demás niños y que sólo era una cuestión de tiempo que llegara a normalizarse. 

El miedo a lo desconocido nos hace desear formar parte de lo normal como si ello fuera una garantía de felicidad o facilidad, o ambas.

Los problemas aumentaron al escolarizarle. Odiaba ir al cole. Su carácter cambió, se volvió un niño triste, enfadado, amargado. Y yo, con él. Hasta que decidí que mi cobardía no podía extenderse más, que la felicidad de mi hijo era la prioridad y que si no era normal, pues entonces habría que aceptarlo, establecer un diagnóstico  y habilitar los caminos, cuales fueran, para devolverle la alegría.

Así que, yo misma le pasé unas pruebas y ante el escalofriante resultado corrí al despacho de una profesional de reconocido prestigio para que me diera una segunda opinión.  Rosa Jové lo evaluó y ratificó mi diagnóstico.

Y ahí estábamos nosotros, con una nueva realidad (mentira, la realidad había existido siempre pero no tenía nombre) y una sensación a caballo entre el miedo, la incertidumbre y la ausencia de caminos. “Lo tenéis difícil” nos dijo Rosa Jové, “ahora empieza vuestra cruzada”.

Digerir, aceptar que nuestro hijo no es como los demás niños ni lo va a ser nunca, que el procesa y percibe la realidad de una forma distinta a como lo hace el resto del mundo, un mundo que no le entiende y al que él muchas veces tampoco comprende, un niño que percibe hostilidad, incomprensión, miradas de compasión, un niño que escucha como algunos adultos nos ofrecen palabras de apoyo o de pésame, un niño que me dice “mamá yo no puedo evitar ser como soy” y llora desconsoladamente abrazado a mí.

Mi hijo tiene necesidades educativas especiales que nadie sabe cubrir, que nadie conoce.

La ley le ampara pero la realidad no.

 El sistema lo percibe como incómodo y se lo tratan de sacar de encima con listas de espera interminables y parches académicos para taparnos la boca a su padre y a mi, que efectivamente, hemos iniciado una cruzada. Una pelea para que el sistema educativo y social de respuesta a la necesidad de cada niño, tenga este lo que tenga.  No sólo para los niños “normales” que están en el centro de la Campana de Gauss. 

Un niño es, por encima de todo, un niño. Tenga autismo, Asperger, Deficit de Atención, o Retraso. Un niño es más que eso, mucho más que eso y tiene el inalienable derecho a ser feliz y a ser atendido en su necesidad. Y nosotros, los padres, los profesores, los organismos públicos, la absoluta responsabilidad de hacer lo que haya que hacer para preservar la infancia, con independencia de los diagnósticos, pero atendiendo cada una de las demandas que cada niño pueda presentar.

Garantizar la alegría de  un niño debería ser ley, porque es nuestro mayor tesoro.

Si me has leído hasta aquí es porque seguramente crees que mi hijo tiene un déficit, una patología y has podido empatizar conmigo y seguramente también con él, entonces te lo puedo decir: mi hijo es superdotado. Pertenece a ese minúsculo 2% de la población que tiene el don de la inteligencia elevada a su máxima potencia. Ese pequeño y descuidado grupo de seres humanos que traen consigo un inmenso regalo que ofrecer y que sin embargo son tratados como marginales, complicados, raros y desadaptados.

Y yo quiero gritar a través de todos los medios a mi alcance que todo eso son estigmas asociados a lo desconocido y a lo envidiado. Quiero ofrecer una visión limpia y realistade la sobredotación y decirte que todas esas etiquetas forman parte de la profecía autocumplida: en un sistema donde todo lo que sobresalga es señalado con el dedo,  podemos sentir compasión por aquellos que no llegan, pero jamás por lo que vienen al mundo especialmente dotados. 

Quiero decirte que  necesitan tu comprensión, que son niños extremadamente sensibles, con un sentido de la justicia y la solidaridad excepcionales, que en un mundo ruidoso, injusto, mediocre y cruel para con lo diferente, necesitan apoyos extras para no sucumbir, para no tirar la toalla, para no llegar a creer que es mejor ser tan mediocre como sus profesores, como sus gobernantes.

Me he permitido esta pequeña trampa porque se que muchos de vosotros no me habríais leído de haber empezado por ahí y porque yo misma, he necesitado hacer un trabajo previo para poder “salir de este armario”, para no seguir ocultando la diferencia de mi hijo como si fuera algo de lo que avergonzarnos y decirle al mundo que hoy, en plena cruzada contra un mundo donde se hace apología de la mediocridad, donde lo bueno se confunde con lo mayoritario, donde el sistema educativo se niega a reciclarse porque en el fondo no cree poder dar la talla, digo, escribo y grito que soy la orgullosa madre de un niño que vino con un regalo, con un privilegio y con enorme  desafío para mi.

Doy gracias a la vida por ello.



Olga Carmona


miércoles, 25 de febrero de 2015

No te aguantes


* por Olga Carmona


La otra noche mientras preparaba la cena, mi hija me cuenta que  una niña de su clase había pedido ir al baño y se retrasó mucho en volver. La profesora, un poco alarmada, pidió a otra niña que fuera a ver que pasaba y ésta la encontró tumbada en el suelo del baño, durmiendo. 

Mi hija concluye: “eso está fatal mamá, eso está fatal, hay que aguantarse, hay que aguantarse el sueño, las ganas de ir hacer pis, el hambre… hay que aguantarse”.

Este jodido aprendizaje social que ella trajo a casa, incuestionado, definitivo, me hizo saltar las alarmas y me quedé pensando…La llamé y le dije: No, no te aguantes.

No aprendas con seis años a aguantar, a ir en contra de ti misma.

No cedas pedazos de ti por mandatos sociales que te agreden.

No aguantes hoy porque si lo aprendes, si lo normalizas, si te lo crees, mañana estarás dispuesta a aguantar a un marido que no te ama y cuida como mereces, a un jefe que te falta al respeto, a un amigo que te invade, a un novio que te ningunea, a un trabajo que no te hace feliz, a un hijo que te levanta la voz, a una madre que te dice lo que tienes que hacer… aguantarás al mundo y  sus reclamos en tu espalda y te volverás pequeña y te dolerá vivir.

Yo te engendré libre, te gesté libre y te estoy criando para que no aguantes al mundo.

Si la vida tiene algún sentido ese tiene que ver con el placer y con el amor, poco más.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los 6 artículos más leídos del 2014...





En estas últimas horas del año, desde Psicología CEIBE os queremos agradecer, los minutos dedicados a leernos, a compartir nuestras reflexiones, a apoyarnos y regalarnos energía para seguir adelante.

Somos un proyecto humilde, con las visitas justas, pocos seguidores fieles, haciendo el ruido necesario, lejos de la polémica absurda, los gurús de lo correcto y el consejo diario obligado.

Por eso nos hace felices saber que estáis ahí, para a modo de viento llevar pocas pero buenas semillas con las que sembrar el futuro.

Mención especial a nuestros pacientes, a todos y cada uno de ellos. los que en persona o vía skype habéis confiado en nosotros para acompañaros en momentos y etapas vitales difíciles. Es un placer y un orgullo poder hacerlo. GRACIAS...

Os dejamos en este comienzo del 2015 con los 6 artículos más leídos en el blog, durante el año que ya muere.

Apología de la diferencia: Ya no quiero caer bien. por Olga Carmona

"...Mis hijos van descalzos y con los pies negros y se visten como les da su santa gana y sentido de la estética, que casi nunca coincide con el mío. Ellos me gritan en la calle que me quieren y los otros, los normales, se quedan ojipláticos y les entra una risa nerviosa, avergonzada..."

La maternidad que nos cura por Olga Carmona

"Yo mujer y madre, herida de guerra también, quiero acariciar con la palabra y felicitar a esas mujeres que han apostado por esta maternidad terapéutica, que confían en curar sus heridas por y con amor, que a través de una dolorosa conciencia de sus sombras han elegido un camino de crianza distinto al que tuvieron"

No me obedezcas por Olga Carmona

"...Sin embargo, yo  afirmo lo contrario: los hijos no deben obedecer, ni a sus padres ni a nadie.
Las personas no deben obedecer. Y por tanto no deben ser entrenadas para hacerlo, ni educadas en la obediencia..."

Sillas de pensar...para nosotros. por Olga Carmona

"...Educar requiere un máximo de paciencia, empatía y de creatividad. Requiere una intención voluntaria de desprogramarnos, requiere muchas veces una “silla de pensar” para nosotros..."

No me gustan los límites: La historia del palo y la zanahoria por Alejandro Busto Castelli

"...En este sentido creo firmemente en la autorregulación de los niños, ya que cuando están neurológica y psicológicamente preparados y encuentran el entorno donde desarrollarse en libertad, todo fluye y de verdad no hacen falta grandes recetas..."

El susurro de nuestra historia por Alejandro Busto Castelli

"...Y como el lector puede adivinar, nadie está libre del susurro de su historia, nadie se escapa de ese murmullo sórdido y agotador. Ni un juez de menores más o menos mediático, ni un popular pediatra vendedor de panfletos, ni los psicólogos/as televisivos armados con sus manuales científicos. Ni siquiera un tertuliano convertido en reformista ministro de educación. Ni uno solo se escapa..."


Hacer lo que el cuerpo y el alma os pida este 31 y mañana día 1... pero por sobre todas las cosas no perdáis la batalla de ser felices.

Un abrazo apretado y fuerte
Nos seguimos leyendo... y escuchando

Olga y Alejandro




jueves, 6 de noviembre de 2014

La maternidad que nos cura


* Por Olga Carmona

Y sin embargo, es preciso que haya canto. 
No puedo ser únicamente un grito.
Escuchad cómo lloran en vuestro interior las historias del pasado.
El terrible grano que siembran hace que maduren con cada poema las energías renovadas.   
L.Aragón.





Siempre hablamos de la necesidad de trabajar nuestras sombras para no proyectarlas sobre nuestros hijos, de la importancia de curar nuestras heridas para ejercer una maternidad lo más sana posible y no trasladar basuras que no les pertenecen a quienes más queremos.

Sin embargo, yo quiero hablar de la maternidad como la más potente de las fuentes de autoconocimiento, de motivación, de crecimiento personal, de transformación y también, claro que sí, de cura.

En mi día a día trabajo con mujeres cuya maternidad las ha salvado, en algunos casos, literalmente: están vivas gracias a ese cable a tierra que ha supuesto un hijo. Mujeres con heridas feroces, llenas de agujeros negros de desolación, con enormes faltas de amor primario, mujeres dependientes de la opinión del mundo, bloqueadas en muchas zonas de sí mismas, heridas, heridas en profundidad… han llegado  a la maternidad desde los lugares más diversos, a veces, sin ni siquiera quererlo y han encontrado en ella un desconcertante y arrollador amor que las ha inundado enteras, se han sentido plenas, han saboreado en silencio y con los ojos cerrados el amor incondicional, ese que les negaron desde antes de nacer.

La maternidad que cura nos rescata de la soledad y muchas veces, orienta el sentido de la vida.

Esas miradas límpias, inocentes, radicales en su emoción, tienen la habilidad de conectarse con lo más sano de nosotras mismas, nos vuelven generosas, nos obligan a sonreír, a cantar, a contener, recolocan y afirman nuestras prioridades, nos ejercitan en la paciencia, nos vuelve valientes, nos impulsan a cambiar.

La maternidad que cura nos descubre que la felicidad no era una utopía a la que no teníamos derecho, por lejana, por difícil, por inalcanzable. Ahora resulta que está ahí, en el día a día, en una mirada, en un abrazo, en una carita dormida, en un llanto consolado, en una pregunta llena de confianza, en una manita que te toca para dormirse, en hacer una trenza, en leer un cuento,  en ayudar con las tareas, en el te quiero más real, más honesto, más puro que nunca hayamos dicho y sobretodo el más inmenso que jamás hayamos escuchado.

La maternidad que cura nos hermana a todas en nuestra condición de mamíferas y nos recuerda que también, o sobre todo, somos instinto y fuerza, nos reconcilia con el cuerpo y con el género, nos enseña a amar desde la amorosa renuncia, crecemos.

Yo mujer y madre, herida de guerra también, quiero acariciar con la palabra y felicitar a esas mujeres que han apostado por esta maternidad terapéutica, que confían en curar sus heridas por y con amor, que a través de una dolorosa conciencia de sus sombras han elegido un camino de crianza distinto al que tuvieron, que tienen que reinventarse sin referentes, día a día, que muchas veces se quedan sin respuestas, que se equivocan, que se confrontan, que lloran y se duelen, pero dejan que el amor las guíe, que la maternidad las cure.

Transitamos por un camino sin señales ni indicaciones, improvisando en cada obstáculo, pero con una luz muy clara: el amor, que nos cura.

Olga Carmona

martes, 2 de septiembre de 2014

Apología de la diferencia: ya no quiero caer bien


Por Olga Carmona

"Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro, si te quitan la teta y te cambian de cuento, no te tragues la pena, porque no estamos muertos, llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo..."
 (Rosana Arbeló)



Me he pasado la vida entera sintiendo frustración y malestar por sentir que no encajaba en casi ningún modelo o entorno social en el que he intentado vivir.
Nada, o prácticamente nada en mi vida puede situarse en el centro de la campana de Gauss y ahora, a mis cuarenta y cinco he entendido que es hora, no sólo de dejar de intentarlo, sino que he decidido hacer apología de la diferencia, de mi diferencia.

Fui económicamente independiente desde que cumplí dieciocho, he viajado y vivido sola muchos años, me gusta el cine europeo en versión original, la playa en invierno, la literatura erótica y el sexo. Necesito el campo, el silencio y estar con  mis perros. No como carne y me siento empáticamente vinculada a las criaturas no humanas de forma natural y desde que tengo memoria. Odio salir y tomar alcohol, pero necesito viajar y tocar otros mundos y espacios. Me dan exactamente igual los días de la semana pero necesito el sol.

No puedo hacer nada sin alma porque el aburrimiento me impregna entera. Mi vínculo con mis pacientes , que trasciende la relación terapéutica, un par de amigas-hermanas, mi compañero de vida, la existencia de mis hijos y la mirada de mis perras me alcanza para sentirme plena. El resto me llega como ruido.

miércoles, 28 de mayo de 2014

En la educación está la diferencia

*Por Olga Carmona

"La no violencia lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes" Thomas Edison




El otro día mientras preparaba la cena aparecen en la cocina mis hijos y una vecina de su misma edad con un pajarillo muerto en las manos. Se les veía claramente excitados. Querían saber si efectivamente estaba muerto o había alguna posibilidad. Lo miré con cierta angustia y efectivamente el pichón estaba aún caliente, pero muerto. Mi madre, que andaba cerca, lo cogió e hizo ademán de quitárselo a los niños y tirarlo a la basura. Ellos abrieron la boca entre el horror y la sorpresa. Yo me interpuse. Les devolví el pichón envuelto en una servilleta de papel y les dije que esperasen fuera un ratito que en seguida encontraríamos un lugar donde enterrarle y hacerle un ritual de despedida. Eso les tranquilizó y salieron cual soldados con la misión más importante de su vida. Lo pusieron con delicadeza en el suelo y se sentaron con gesto trascendente, cerquita de él, cuidándolo mientras me esperaban.

De pronto escuché una llamada angustiada de la amiga de ellos y el llanto de mi hija. Salgo y me dicen entre sollozos que un niño, más mayor que ellos, ha llegado y lo ha pisoteado. Veo el animalito flotando en sangre. El horror en los ojos de los otros. Y mi mala ostia subiendo por la garganta. Le increpé al grandullón preguntándole porqué había hecho eso. Me contestó que porqué no, si estaba muerto, que ya daba igual. No, no da igual. No da igual carajo, no. Y se lo dije, le hablé del respeto a la vida y también a la muerte. Le hablé de tratar con dignidad a los otros, le hablé de la compasión y la empatía. Le hablé del desprecio.

viernes, 25 de abril de 2014

No me gustan los limites: La historia del palo y la zanahoria

*Por Alejandro Busto Castelli

Quiero agradecer especialmente a la periodista venezolana, Berna Iskandar de "Conoce mi mundo", que me sugirió escribir sobre el tema e inspiró a través de sus preguntas, la gran mayoría de las reflexiones de este artículo.


**

Cada día de nuestra vida, argumentamos, defendemos, explicamos o compartimos nuestra cotidianidad a través del lenguaje, de las palabras con las que construimos sin duda nuestra realidad. Desde lo más superficial hasta lo más esencial nuestro mundo cabalga a lomos de cada palabra que usamos, heredada o no, prestada o no, tal vez aprendida o incluso creativamente inventada.

Y así nos embarcamos en extrañas travesías diarias, donde ni uno solo de estos curiosos caballos que nos permiten avanzar, resulta gratis. Ninguno es casual. Quizá por eso me parece importante reflexionar sobre ellas.

En relación a la crianza y educación infantil, en mi trabajo diario con padres y madres, en mi vida como padre, aparece de forma machacona una palabra. A veces en boca de un profesional contrastado, en boca de un gurú de nuevo cuño, en el llamativo título de un libro, en una charla en el andén del metro….

Limites…

Es curioso, porque como por arte de magia a veces las palabras se encadenan. Y unas no viven sin otras. 
Sin saber muy bien su significado y glorificando nuestra más oscura mediocridad, cada vez que por ejemplo decimos “calidad”, nos vemos obligados a decir en la frase siguiente “cantidad”… y si decimos “limites”, tendremos que añadir para parecer que sabemos.. “los niños necesitan…”

La palabra límite crea en los sistemas familiares una realidad constante. La razón de ser de esta palabra tiene que ver con su origen latín, “limes” usado por los romanos para expresar  una línea real o imaginaria, una frontera que separa dos cosas. ¿A quién y de que separan los limites en educación y crianza?

Definitivamente la palabreja no me gusta y menos el uso que se hace de ella, desde algunos sectores de la psicopedagogía, en una cantinela aburrida sobre los “limites” que debemos poner a los niños.

Ahora bien, teniendo esto en cuenta, mi visión es que desde el punto de vista de la educación emocional es fundamental clarificar con argumentos cual es el marco de juego de un sistema. Un marco de juego que lo es, en esencia para todos los integrantes del mismo, sean niños o adultos.

Como líneas generales más que obvias, este marco de juego debería girar en torno a la no violencia, la gestión de emociones como la ira, la rabia o la tristeza, el cuidado individual y del otro, la integridad física y emocional. Si a esto le queremos llamar limites, por mi está bien. Pero negociemos de lo que estamos hablando.

No le debes gritar  a tu hermano, porque en este sistema ninguno de sus integrantes grita, porque ese es el acuerdo, el marco en el que nos movemos y porque en él nos sentimos emocionalmente equilibrados y respetados. Y cuando alguien lo hace, porque no ha sabido o podido hacerlo mejor, claramente está faltando al grupo y al acuerdo puesto en común. Cada uno desde su lugar, desde su pequeño o gran mundo, necesita realizar un aprendizaje en este sentido y asumir las consecuencias emocionales que sus actos o dichos tienen sobre el resto.

Así que establecer este marco de juego como padres, resulta de vital importancia, del punto de vista del desarrollo de los niños y adultos enmarcados dentro de un determinado sistema familiar.

Tengo muchas dudas respecto a que cuando se habla de limites desde ciertos sectores pretendidamente inocuos, blancos y puros, se esté haciendo desde ese lugar que toma en cuenta al niño, que empatiza con él, que negocia y termina por asumir su propia responsabilidad en el desarrollo del marco relacional del que estábamos hablando.

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